Resbalé del silencio al ardor de tus manos
y mis labios entreabiertos se entregaron

sin pudor a la humedad tibia de los tuyos

Y cuando las palomas de tus manos inquietas

descendían al jardín del deseo…
me ceñiste de  la cintura
y abrazada a tu cuerpo fundiste mis caderas.
Hoy vengo de tu olvido
desnuda de imprudencias
en la complicidad del silencio.
¡Ven sin miedo, derrota esta distancia!

Mi ser te reclama!!
Toma la humedad de mis labios…
enrédate en mi cuerpo sin esperas...
sellando con tu estigma mi costado.

Bebe las mieles que mi cuerpo,

en ardiente deseo te entregan…
Haz que mi alma se pierda y enloquezca.
Ven,
retorna amanecido
con la calma propia, luego

de una noche de tormenta
Y es que no soy feliz… si tú me olvidas